Relatos: La Sala (2ª Parte)


El hombrecillo que está sentado habla, no entiendo nada, solo se que se dirige a mí  pues me mira fijamente. Insisto en que no entiendo lo que dice una y otra vez. El tono de su voz va subiendo a medida que repito la misma frase. Grita como si estuviera poseído, golpea la mesa, se levanta y sigue hablando,  se sitúa detrás de mí y susurra algo en el oído, pero sigo sin entenderle.

Relatos: La sala (1ª parte)


Cuatro paredes mugres, un agujero en el suelo que huele a putrefacción, dos sillas, una mesa, una vieja lámpara cuelga del techo y al fondo una puerta, cerrada. No se cuantas horas hace que permanezco aquí, retenido. Espero que alguien se dirija a mí, nada. El polvo que flota en la atmósfera se pega en mi garganta, pero no hay agua para paliar ese efecto. Mis ropas están sucias, desgarradas. Me han quitado las botas, al descubierto quedan esos viejos calcetines rojos que compré en un mercadillo local, el izquierdo ya lleva un agujero a la altura del dedo meñique. Los pantalones no se sujetan, me han despojado del cinturón. No se ni que hora es, el tiempo se sucede a otro ritmo entre estas paredes, si tan solo me hubieran dejado el reloj… He tenido que orinar dos veces en ese mugriento hueco que hay cerca de uno de los muros. Me deshidrato, y nadie me trae nada que beber. Mis intestinos rugen, y nadie me trae nada que comer.

Relatos: El Castillo


Luz tenue, un cigarrillo consumiéndose en el cenicero, una cerveza a medio beber y música tranquila de fondo. Podría ser el ambiente ideal para dejar volar la imaginación y trasladarse al mundo de los pensamientos. Uno de esos momentos en que disfrutas de los sueños mientras esperas que se hagan realidad. Una calada y otro trago, sigues inmerso en miles de locuras transitorias que te hacen estar bien contigo mismo. Piensas en el presente, el pasado y el futuro, fundiéndose en un sin fin de ideas, errores, logros, alegrías y penas, placer y dolor.
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