Relatos: El Castillo


Luz tenue, un cigarrillo consumiéndose en el cenicero, una cerveza a medio beber y música tranquila de fondo. Podría ser el ambiente ideal para dejar volar la imaginación y trasladarse al mundo de los pensamientos. Uno de esos momentos en que disfrutas de los sueños mientras esperas que se hagan realidad. Una calada y otro trago, sigues inmerso en miles de locuras transitorias que te hacen estar bien contigo mismo. Piensas en el presente, el pasado y el futuro, fundiéndose en un sin fin de ideas, errores, logros, alegrías y penas, placer y dolor.
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